Guarrerías Preciados


Si dijera que el sábado pasado estuve en una fiesta puede que haya quien piense: joder con el niño, todo el día de fiesta. Pues no, reina, es un síntoma más de mi irremediable conversión en señora de grupo de facebook: ya no salimos de casa de copas a no ser que vayamos a casa de otros amigos. Somos mayoras.


Tx dice que también es normal, porque llevamos dos meses en los que los findes o se pone a llover a mares o hace un frío de tres pares de cojones, y no es plan estar tirado por las calles (y ya es de todos conocida la fobia de mi tx a los locales pequeños, cerrados, con humo y una música que a él se le hace inaguantable). Me ha prometido que me va a sacar pronto de paseo, pero me temo que nos toca una sesión de mariconización de amigos suyos: quiere llevar a un respetable matrimonio a que conozcan los locales por los que nos movemos para que vean que no somos tan degenerados y viciosos como se piensan. En fin, yo le dejo hacer, pero al final me va a tocar organizarlo a muá, ya verás.


El caso es que el sábado en la fiesta de Ketty Valde estaba puesta la tele. A ver. Hay fútbol (fúbol que dicen ahora los periodistas). Y juega el Real Madrid. Y nada más poner la tele van perdiendo. Tx se queda serio, de pie y con la mirada fija en la pantalla. En esos momentos es mejor no decirle nada, que se cabrea. Y no te lo digo por experiencia sino porque me ha pasado. Pasan los minutos y... horror, segundo gol de LOS OTROS (el Sevilla creo que era). Mis amigos me miran:

- ¡¡¡Huyyyy, el Madrid va perdiendoooo!!! Esta noche no hay polvo.

Pero yo sé responder:

- Me da igual, ya hemos echado uno esta tarde antes de venir, y ha sido de los supercerdos, de esos que tienes que cambiar las sábanas inmediatamente.

Y al momento las conversaciones obviaron a mi sufriente tx y su fúbol y pasaron a ser más domésticas, confidenciales e interesantes.

- Es que hay veces que uno hasta se asusta, ¿verdad?
- Yo lo llamo polvos de los leprosos, porque es que ni me atrevo a meter las sábanas en la lavadora, están para quemarlas.
- Chico pues qué hacéis.
- ¿Y tú con qué quitas las manchas de...?
- Pues... blablablablabla


Y así sigue la conversación alegre y costumbrista, cual gorjeo de modistillas comentando su vida cotidiana mientras finalizan su labor. Hasta que el tx suelta su clásico: "Toma, jodeos, cabrones".

Eso quiere decir que el Real Madrid ha marcado. Y, para colmar, marcaron dos más, ganaron el partido y se colocaron de lideresas (nada que ver con Lidl) de la Liga, por encima del Barsa.

- Huy mocho, ha ganado el Madrí, esta noche follas.


¿¿¿Pero qué afán e interés tiene de repente todo el mundo en mi vida afectivosexual???

- Pues mira, sí, hoy doblete. No hay nada que no se pueda solucionar con una pastilla más de mi Ariel y dosis extra de suavizante.


Y en estas cuestiones tan hogareñas e íntimas estábamos cuando de repente, como si no tuviéramos suficientes guarradas de las que hablar alguien suelta:

- Huy, pero qué mal huele aquí, ¿no?

A los dos segundos, el olor del pedo más asqueroso del mundo inundó la habitación.

Tremendo.
Apocalíptico.
Isabelpreyslérico.

Hay pedetes que huelen poco y en seguida se van, hay otros que son como más ácidos, con un olor penetrante y agudo que a los pocos segundos también desaparecen. Los hay más persistentes y de olor característico, que indican que ya va siendo hora de que te acerques al baño. Y luego están los pedos de descomposición, esos que tienen olores como de que algo se te está pudriendo dentro, esos que te salen cuando estás malito y tomando algún medicamento que te deja hecho polvo.

Pero no. El pedo del otro día fue distinto. Era como si de golpe nos hubiéramos metido en una hedionada alcantarilla: putrefacto total. Alcanzó sin dudarlo el top pedos de la historia, un pedo de los que hacen época.


Ni que decir tiene que su creador (o creadora, que había también, eh) no salió a la luz y que éramos tantos que fue imposible ponerse a mirar fijamente a cada uno a ver quién se ponía colorado, pero vamos, fue para ponerle una medalla.

Para que luego digan.
Qué bien nos lo pasamos en las fiestas.


Por cierto, que con lo de la Champions nada de nada.
El día que el Madrid quedó apeado, mi tx no durmió esa noche y se tiró 24 horas casi sin abrir la boca el pobre.
Ni polvo ni nada.
Cómo le afectan estas cosas.
Animalucho.


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