Yo ya no quedo


Para qué negarlo. Al igual que un político se desdice de lo dicho, cambia de discurso y luego utiliza cualquier excusa tonta para justificarse, ocurre lo mismo con la idea original de este blog: nada de mezclar vida virtual con la real, los amigos son los amigos y los que hacen comentarios son otra cosa y tal, que no es lo mismo soltar una frase graciosa en un blog que tener una charla, que no hay nada más frustrante que comentarios tipo camarilla de amiguetes en un blog que hablan de cosas que sólo ellos conocen, que hay mucho psicópata internáutico suelto y sobre todo que nada de quedadas y de ir a "conocer gente". Que uno "tiene un pasado" virtual y quedó más que escarmentado de según a quién se conocía.

Vale.

El otro día me preguntaba un cobloggero amigo que a quién conocía yo personalmente de los lectores habituales.

Y yo diciendo... huy, pues a casi nadie.

Pero luego me pongo a pensar y...

¡MENTIRAS!


A ver, vale, a los Pikitonis los conozco desde hace sopotocientos años (a uno unos cuantos años antes que al otro), así que no cuentan.
A los Jolín de Pé de Lomana y Vogue casi que desde el año 2000, por lo que tampoco.

El resto, ha sido todo circunstancial y coyuntural. Yo soy sólo un ingenuo e inocente muchachito.

Y como tal fui embaucado por el emigrado londinense a ir a una cena a la que asistieron ciertos elementos y elementas blogueriles de la que surgieron curiosas relaciones. Ni que decir tiene que la fascinación por las artes videocinematográficas de mi tx nos haría posteriormente invitarlos al estreno y reestreno del capítulo final de la teleserie de amor y lujo con mayor glamour del mundo. Aparte, mi más que demostrado interés por la música electrónica incomprensible, la arquitectura brutalista y los contrastes folklóricos de la Alcarria originarían algunos encuentros posteriores.
Con la londinense hay que reconocerlo, lo único que nos une se llama Smirnoff (o similar, ¿verdad, Patsy?).

A un matrimonio monio lo conocí en un evento cultural llamado Rocky Horror. Picture Show Audience Participation (tela). De lo que ya no tengo la culpa es de que luego me invitaran a una fiesta y allí me diera cuenta de que ya conocía de antes a algunos de los asistentes (con historia flasheada incluida) y de que además me presentaran a otros cuantos.

Y claro, yo soy un joven muy educado y cuando hice mi fiesta de Restos veraniegos, cómo no devolver algunas invitaciones o, aprovechando un viaje a la soleada y cálida Castilla la Vieja, cómo no hacer una visita a uno de ellos.

Es que también están los viajes. Si por trabajo tengo que acercarme a la populosa y cosmopolita capital del planeta, estaría feo no haber saludado a sus más destacados exponentes (y gracias a ello tengo por fin en mi poder la versión uncut director's edit de Las Adolescentes de Pedro Masó, en riguroso divx y con logo de Tele5).

Luego están los que me reconocen desvariando en los garitos más inmundos ya sea de Madrid o de Barcelona. Como soy de esos que dice que "yo ya no salgoooo", cada vez que lo hago pues como que me excedo un poquito y claro, se me nota.

O mi afición operística. Internet es el lugar perfecto para la colocación de entradas. Que si la Marchi no puede ir porque está cargando su trolley verde de picaportes, pues lo mismo hay alguien a quien le interesa su entrada, o si la pelirroja decide estar muy liada para ir al Liceu porque anda con nosequé de una boda y me ofrece una entrada para La Valquiria, cómo no aprovechar y de paso tomar un cafelillo. O conocer a la troupe barcelonina de mi blog de operitas (a los de Madrid no, no nos caemos nada bien mutuamente). O viene un tenore di grazia en proceso protovigoréxico desde el extranjero que no conoce absolutamente nada sobre la zarzuela... eso no puede ser, hay que remediarlo con unos mptreses.

Hay otro subsector, el de los que han cambiado de nombre en el último par de años unas cuantas veces, que ya no me aclaro si los conozco, o no, o qué pasa con ellos, porque me lío. Y no miro a nadieeeeeeeeee.

Por último, y por poner nombres, mi interlocutor, con oscuras intenciones, seguro, me preguntó si yo leía a DonOtto. ¡Claro que no!, contesté ipsoflauto, yo sólo lo leo por encima y luego pongo un comentario para meterme con él.
¡Faltaría!

Y tengo que decir que, a excepción de un par de elementos, todos los traspasos de vida virtual a vida real en esta etapa mocho han sido estimulantemente satisfactorios. Pero que no, que "yo ya no quedo".

Entrada dedicada a toda la blogochusma en estas fechas tan entrañables y señaladas.



bailando conmigo mismo, uo o o ó.

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