La tarde que desapareció Mazinger Z


CHAAAAANNNNNNN

¿A que el título acojona?

Pues no, es todo muy simple.

Ocurrió el 16 de septiembre de 1978.
Si no habías nacido te jodes, se siente.
Y yo estaba en la playa. Concretamente en Tabernes de Valldigna.

Por aquella época veraneábamos en septiembre porque era más barato y ese año sorprendentemente fuimos a veranear durante la segunda quincena. Crisis, imagino (¿te suena?). Menos mal que yo era uno de esos asquerosos niños repelentes sabelotodo y al volver al cole lo recuperaba todo enseguida.

Como buen niño de mi época, los sábados a las tres y media yo no me perdía un episodio de Mazinger Z. Me sabía los nombres de todos los Brutos Mecánicos del Doctor Infierno, imitaba la voz de Sayaka cuando decía eso de "Koji Koji ven corriendo, algo raro está sucediendo en el laboratorio", odiaba al conde Blocken por haberle robado protagonismo al Barón Ashler, me cabreé cuando tradujeron la canción al español, deseaba que alguna vez ganaran los malos... vamos, lo habitual.

Hasta hice la colección de cromos, la única que he terminado en toda mi vida (y que aún conservo). Se puede decir que Mazinger fue el primer fetiche de mi existencia, o algo así.

Aquella tarde de sábado era un día raro. Acabábamos de llegar después de un viaje eterno desde Madrid. ¿Alguien se acuerda de las retenciones de Motilla? ¿O del camino alternativo por la travesía de Albacete con sus cuarenta semáforos? ¿O el desvío por Onteniente?... El caso es que en el apartamento en el que estábamos no había televisión y yo comí a toda prisa para bajarme a ver la tele al baruti de abajo. Eran las tres y media.


Y no salió Mazinger. No salió la canción habitual. Sonó una cosa bastante hortera con mucho grito y nanananana y luego una historia coñazo de un niño en la selva. Miré los periódicos: a las 15:30 en la primera cadena echaban una cosa llamaza Orzowei. No podía ser. ¿Y Mazinger? Si no se había acabado, quedaba mucha historia por contar. No podían haberlo cortado así.

Mi mente infantil dedujo que era algo provisional, que, al igual que yo, estaban de vacaciones, se habían confundido y a la vuelta a Madrid volvería a estar Mazinger en su hora.


Pero no, Mazinger había desaparecido. Diversas asociaciones de esas que sólo sirven para estar perpetuamente ofendidas y de paso salvar al mundo se habían quejado de que era una serie violenta y no apropiada para niños. TVE sólo emitió 27 episodios de los 90 que tenía, y dejó por emitir 7 más que había comprado. Un fraude humano, un gran chasco pachasco.

En su lugar, un niñato horroroso en una serie horrorosa y con una música horrorosa (hasta hubo versión de Enrique y Ana, con eso te digo todo).


Aquel fue el último verano que pasamos en Tabernes (Tabernis, como decía mi abuelo Claudio).

Yo creo que me hice maricón porque me quitaron a Mazinger Z y a partir de entonces me dediqué a otro tipo de brutos mecánicos. En serio.

La parte negativa de Mazinger: ser una de las series pioneras de ese horror de estilo de dibujo llamado Manga, haber sido fuente de secuelas y resecuelas, evoluciones y requetevoluciones del robot, haber servido de decoración en un programa de telebasura (¿era el tomate?) y, lo peor, haberse convertido en ICONO POPI PARA CAMISETAS.

Cuando en febrero de 2003 mis amigos me regalaron por mi cumple la figurita del Mazinger me hizo una ilu tremenda, y pasó a ocupar un lugar destacado en mi casa. Hace poco comentaba con mi tx que con el cambio de casa los adornos y las figuritas iban a desaparecer y me gritó: ¡¡¡ EL MAZINGER NO !!!

Pues si el Mazinger no, la Peggy tampoco. Ea.

No estoy tan demenciado como para acordarme de la fecha, lo encontré en Gúguel.

Te odio, Orzowei.




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