miércoles, 7 de octubre de 2026

Reflexiones. El mundo, la carne y el diablo.



Desde hace tiempo me estoy dando cuenta de que voy acelerado todo el día, hago las cosas deprisa y con ansiedad porque siempre hay algo que tengo que hacer inmediatamente después. Y que dejo de leer de verdad para perder el tiempo scrolleando en miles de píldoras inútiles de información que lo único que provocan es hacerme saltar de vínculo a vínculo.

Y que ya no escucho música sino fragmentos, que tomo con necesidad saber qué ha salido cada viernes para escuchar unos segundos y pasar a la siguiente canción que tampoco escucho entera mientras voy en coche.

Y, sobre todo, he perdido la capacidad de disfrutar un álbum de música entero, su cara A, su cara B.

Ahora voy en tren. Y me he buscado un disco que no escuchaba probablemente desde hace más de 20 años y que no está ni en Spotify: "El mundo, la carne y el diablo", de Heroica. Me lo he puesto de pe a pa, sin saltar ni avanzar.

Y me ha vuelto a encantar, y me he sorprendido a mí mismo sabiéndome casi todas las letras. Y al terminar me he sentido muy bien. Y me he puesto a pensar en que lo mismo que pasa con las canciones, con los vídeos, me pasa a veces con las relaciones personales.

No les dedico todo el tiempo que merecen. Quizás un like, una carita sonriente y ya.

Y no. Ayer por la tarde me llevé un disgusto horrible: un amigo de Barcelona sufrió un infarto, estuvo en coma dos semanas y hace dos días declararon su muerte cerebral, lo desconectaron y donaron sus órganos.

Era unos años más joven que yo. Quedé devastado. No teníamos contacto de seguido pero nos conocimos hace más de 25 años, vino a cenar a casa un par de veces y siempre era una alegría vernos, la última vez por casualidad en Sitges este año.

Nos conocimos en aquella época en la que internet no dejaba huellas tipo likes, sino que te conectabas, charlabas y sabías de la otra persona aunque estuviera a cientos de kilómetros.

Justo cuando apareció Facebook y luego Instagram empezamos a tener menos contacto, ya parecía que sólo con poner un corazoncito a una publicación era suficiente para mantener una amistad. Y no.

He pasado la noche pensando en lo importante que es rodearse de gente buena y procurar serlo, y que merece la pena dedicarles algo más de tiempo, aunque sea sólo un hola cómo estás, que el mísero like. ¿Lo conseguiré?

No sé si escribo todo este rollo para autojustificarme o como necesidad de eso que llaman "casito", pero mira, necesitaba expresarme. ¿Cuándo dejamos de escribir blogs para limitarnos a la inmediatez ínfima de los ciento nosecuantos caracteres?

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