Tú, lo que tienes que hacer


No me he enterado muy bien del origen del asunto, pero creo que ha sido porque una Miss España ha colgado una foto suya en actitud cariñosa con su novia en Instagram. ¿Cómoooo? ¿Pero todavía existe el certamen de Miss España? ¿No había quebradoooo?

A la sazón, cierta locutora y/o periodista televisiva, de cuya existencia yo no tenía ni idea hasta la semana pasada, se marca un Jodie Foster. Pero no un Jodie Foster de ahora, sino de hace unos añitos. Es decir, suelta un torpe discursito ambiguo de supuesta salida del armario en el que deja entrever que ella puede o no ser lesbiana y soltando las típicas frases rancias de que hay que respetar la privacidad sexual de cada uno.

Craso error, reina.

Primero, porque no venía a cuento.
Segundo, porque las medias tintas en los tiempos que corren suenan ridículas.
Tercero, porque la apología del armario nos retrotrae a tiempos pasados y a un retroceso de un par de décadas y media en logros sociales.

Y cuarto, bonita, por la que te va a caer encima.

Porque no se han hecho esperar las reacciones. Y con razón. Vamos, que el activismo bollomariconeril patrio la ha puesto hoja perejil.

Y ahí es donde me he enterado yo, porque mi muro de Facebook se ha inundado de enlaces a estas reacciones. No es que lo haya buscado, es que directamente me han caído como una tromba sin ser nada de eso yo.

Todas estos comentarios -airados, indignados, vehementes- están cargados de argumentos, pero después de leer un ataque, y otro, y otro y otro a la chica me ha quedado, aparte de perezón, un poso de cabreo.

Porque todos han basado su ofensiva en una frase: "Lo que tienes que hacer".
Que en este caso sería "lo que no tienes que decir".
Y ahí ya sí me empieza a fastidiar a mí.
Porque lo que ha dicho la señora ésta me parece una memez, pero lo que he leído en contra suya es puro talibanismo.

Señora, usted tiene que salir del armario así como digo yo, o si no no salga.
Y no salga a medias, o sale o no sale.
Y no hable con eufemismos y sofismas, sea clarita.

Y todo no como comentario, sino como "exigencia".

Y ahí, cuando alguien exige a otro cómo tiene que comportarse o lo que tiene que decir, es cuando me cabreo.

Porque me parece una actitud superfacha.

Aunque luego esté justificada con ejemplos y razones.

Porque coacciona la libertad.

Me recuerda a los discursos de los primeros noventa acerca del outing. O a las asociaciones ultraconservadoras yankies cuando amenazaban a los anunciantes de una serie de tv con iniciar campañas de boicot de sus productos si aparecía algún mariquita en escena. O a las peticiones transformadas en "exigencias" de plataformas tipo change.org.

Para mí no.
Lo que haya dicho esta mujer me puede parecer una gilipollez. Lo que me parece más criticable de su discurso es la utilización de la palabra lobby para referirse al activismo. Nena, aquí yo soy el primero que me burlo de las siglas LGTBiRQTR2A, pero sin la lucha de los colectivos gays de este país estaríamos aún bajo la Inquisición. Así que menos lobbies y más saber de qué se habla. Pero ni aún así voy a ser yo quien le diga le exija lo que tiene que hacer.

"Tenemos lo que nos merecemos" me han replicado, clásico comentario tremendista y victimista tan escuchado (especialmente tras resultados electorales no esperables) que esconde el "eres un ignorante / frívolo / inconsciente porque no piensas igual que yo".

Cáiganme chuzos de punta por lo dicho, insúlteseme, humílleseme, pero no me obligue nadie a decir lo que no quiera. Es mi opinión.



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